Los dioses descontinuados andan entre los hombres.
Y van lentos, felices, desempleados. Paseando
de la manera más soberana y más irresponsable,
sin rayos en las manos. Sin tener que inventar
ni venganzas ni tramas.
Se toman su cerveza en el café de la esquina.
Y escriben versos, a veces, donde cuentan
los verdes de los árboles.
A veces una uña
les recorre la espalda:
es el miedo, transparente y helado,
de que los hombres vuelvan
a creer que sí existen.
Y van lentos, felices, desempleados. Paseando
de la manera más soberana y más irresponsable,
sin rayos en las manos. Sin tener que inventar
ni venganzas ni tramas.
Se toman su cerveza en el café de la esquina.
Y escriben versos, a veces, donde cuentan
los verdes de los árboles.
A veces una uña
les recorre la espalda:
es el miedo, transparente y helado,
de que los hombres vuelvan
a creer que sí existen.
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