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De una idea de Gösta Frieberg - Eduardo Casar

Yo estuve mucho tiempo sin ver el Imperio Romano,
no estaba yo entonces por las calles de Roma.
Ahora tampoco. Pero sé que las hubo,
igual que las calles de agua de Tenochtitlán,
de las que sí conozco indicios
que se pueden tocar.
Grandes balaustradas del Templo Mayor
y cabezas de serpiente en los remates de las balaustradas.


No estuve en el primer Diluvio. Gracias a Dios, porque a veces
no me gusta mojarme
y si hubiera coincidido con él (con el Diluvio)
en la porción de tiempo que me toca,
es casi muy seguro que me hubiera empapado.


Cuando yo era niño no existía la ocupación de Irak,
creo que era Corea.
Hubo un largo periodo en el que yo no estuve. Pero
he podido leerlo.


En el nuevo periodo, en el que sigue,
ya no podré leer,
                ni anotar,
                        ni especular.


Ni modo. Tampoco es
para morirse.

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