Dios se inventó la muerte como barredor dilecto para limpiar la tierra de redrojos, hierbas secas, carne marchita, pulpas huecas, suspiros mudos, hijos difuntos... La hizo a su imagen desde el otro lado del espejo. Por eso es tan alta oscura, esbelta o luminosa y redonda, es la sombra misma de Dios, variable, voluble, según toque la hora en la claridad o en la tiniebla.